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sábado, 6 de noviembre de 2010

TONIGHT! Bob Dylan & His Band In Chicago!



Bob Dylan vino a Chicago hace una semana. Era el 30 de octubre y las calles estaban plagadas de gente disfrazada para celebrar la noche de Halloween. Al llegar al Rivera Theatre, tres cuartos de hora antes de que empezara el concierto, nos encontramos con una cola inconmensurable que recorría manzanas y manzanas. Cientos de personas impacientes, en fila en medio del frío, esperando ver a quien probablemente sea el músico más influyente del siglo pasado.

El que fuera en los sesenta, muy a su pesar, ‘the voice of a generation’ es hoy en día un troubadour de 69 años que desde hace más de veinte recorre el mundo dando en torno a cien conciertos anuales junto con su fiel banda de acompañamiento. Su voz es áspera como la lija y a veces sus propias letras resultan casi ininteligibles. Incluso sus más devotos fans (entre los que yo me incluyo) tienen a veces que hacer un esfuerzo para adivinar exactamente qué canción está tocando, ante todo porque Bob Dylan sigue leal a su constante proceso de reinvención, y sus canciones mutan sin cesar. Para Bob Dylan, nada se mantiene igual que hace décadas, y su evolución artística es claro reflejo de ello.

No es la primera vez que veo a Bob Dylan en directo, pues le vi en Pamplona en el 2007, donde puso un buen show, pero decicidamente menor a éste El concierto fue todo una experiencia, una mezcla de los hits de los 60 y 70 junto con canciones de sus álbumes más recientes. Empezó con la ‘Leopard-Skin Pill-Box Hat', convertida en un blues remolón, seguida por una inesperada ‘The Man In Me’. Su rendición de ‘Simple Twist of Fate’ fue toda una maravilla, al igual que ‘Tangled Up In Blue’, ambas narraciones de amor encontrado y perdido, desencuentros y nostalgia. ‘Ballad of a Thin Man’ fue una de mis preferidas, una versión incendiaria sobre el notorio Mr. Jones, mientras el escenario oscurecía y las sombras de los músicos se proyectaban sobre el telón de manera amenazadora.

Bob Dylan es una leyenda viva, un personaje aún enigmático a pesar de los ríos de tinta vertidos en torno a su música y persona. Verle en el escenario, ataviado con ropa de músico blues de los 30, sombrero de cowboy incluído, no tiene parangón. Cuando cogía su harmónica y entonaba un solo, enfrente de los miles de presentes, el público quedaba mudo y paralizado. Era como ver a un mago haciendo su mejor truco, tras el cual venía una lluvia de aplausos que parecía no tener fin.

En la propina empezó con 'Jolene', de Together Through Life seguida por la mítica ‘Like A Rolling Stone’, en la que el público, consistente en gran parte en baby boomers de los 60, se levantó y cantó 'How does it feel?' por todo lo alto. El concierto terminó con ‘Forever Young’, como si Bob Dylan, a pesar de los años, estuviese cantando a sí mismo, y es que por todo el tiempo y la distancia que ha recorrido en su dilatada carrera, Bob Dylan sigue siendo el de siempre, por mucho que diga en 'Things Have Changed'. Su único cometido es estar en la carretera y satisfacer a su público cada noche, y lo consigue con creces. Fue una gran noche.

miércoles, 9 de junio de 2010

Mama, You Been In My Dreams



¿Alguna vez habéis soñado con alguna canción? Yo sí. No fue hace mucho. De hecho fue en una de esas largas y pesadas siestas, aquellas cuyo despertar sacan lo peor de ti. El caso: el sueño en sí fue bastante raro. Onírico, y algo inquietante. Estaba yo en un espacio desierto, de colores marrones, solitario. Un horizonte de cartón se alargaba hasta el infinito. Atardecía: una luz moribunda, de un curioso naranja espeso. Parecía un cuadro de De Chirico: como si todo el mundo se hubiese ido a dormir y yo fuera el único ahí. Sombras, etc.

Entre todo este paisaje irreal, en medio de la nada, se erguía un bloque de pisos, alto y gris. Parecía abandonado. Digo 'parecía', porque de una de las ventanas, en lo más alto, se colaba una melodía familiar, como si alguien hubiese puesto la radio.

La canción me sonaba: un rasgueo de guitarra acústica, acompañada de una voz engañosamente joven, nasal, que cantaba sobre un amor pasado. Un solo de armónica agridulce a medio camino. El cantante se acordaba de esa chica: no le guardaba rencor, ni seguía enamorado de ella -- ni mucho menos. El cantante simplemente quería transmitirle que en un determinado momento se había acordado de ella. Sólo eso. Sin más. El por qué no le quedaba claro del todo ("Perhaps it’s the color of the sun cut flat / An’ cov’rin’ the crossroads I’m standing at / Or maybe it’s the weather or something like that / But mama, you been on my mind"). Pero, independientemente de los posibles motivos, le hacía gracia, de algún modo, haberse acordado de esa chica olvidada hace tiempo. No le pide nada, ya le da igual lo que pueda estar haciendo ella ("It don’t even matter to me where you’re wakin’ up tomorrow"). Sólo quiere que ella sepa que se ha acordado de ella. Un pensamiento fugaz, quizá. Y ya.

La canción en cuestión es 'Mama, You Been On My Mind', de Bob Dylan. El que aparezca en mis sueños puede ser un claro indicador de mi obsesión con su música. Pero en fin; resulta que era una de sus canciones que menos había escuchado. Ahora ya no, por supuesto. Desde que apareció en mi sueño la he redescubierto y verdaderamente es una gran canción, preciosa y tierna.

No sé por qué escribo sobre esto.

martes, 27 de abril de 2010

Blood on the Tracks - 35º Aniversario



Se cumplen 35 años de uno de los grandes discos del pasado siglo, quizá el más personal y emotivo de Dylan, cuyas canciones compuso mientras se divorciaba de su mujer. Siempre me gustó su tono intimista y personal, sus magníficas historias de personajes rotos en añicos por el amor y buscando redención en medio de la tormenta . Dylan plasma sus sentimientos de tristeza e ira con tinta de sangre, respaldado por una magnífica banda y letras que nos describen su huracán emocional con tanta cercanía que se convierten en el nuestro propio.

Es un disco triste, sí, y melancólico. El gran logro de Dylan es conseguir que al escucharle seamos capaces de sufrir tanto como él. Porque si hay algo que destacar en Blood on the Tracks es su dolorosa sinceridad, esa desnudez que fluye de principio a fin, en canciones de amor perdido e historias de un pasado lejano. Cantadas, como siempre, con la expresiva voz de Dylan, llena de humor y sentimiento, cuyas letras son claros ejemplos de cómo contar historias a través de la canción.



"We always did feel the same
We just saw it from a different point of view"