Mostrando entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de julio de 2010

España toreada



De pequeño siempre quise ser torero, por una simple razón: la espada. Nada más, así de simple; era por esa espada que todos los toreros esgrimen al rematar la faena, signo de nobleza y rayo fulminante. A esa temprana edad (entre los cinco y los siete años), vivíamos en un modesto piso del centro de Madrid. Siempre que mi madre tenía que irse a hacer algún recado o algo por el estilo nos dejaba, a mi hermano y a mí, en casa de los vecinos de enfrente, un matrimonio septuagenario cuyo cariño y simpatía alimentaron mi infancia madrileña. El marido se llamaba Enrique, y para mí fue una especie de tercer abuelo, un hombre sabio y modelico en todos los sentidos. Ya jubilado, dedicaba su tiempo libre a la pintura, en concreto grabados, donde plasmaba una de sus grandes pasiones: los toros. Más de una tarde de domingo la pasé un su cuarto de estar, acurrucado junto a él y su perro, viendo las corridas en la televisión.

No entendía nada de este 'arte', y supongo que sigo sin entenderlo. Lo único que sabía era que quería ser torero de mayor, aun por la espada -- y eso que el espectáculo por lo general no me suscitaba mayor interés. Nunca he ido a una corrida de toros, ni he visto una entera en la televisión; no me considero un entendido, ni mucho menos un apasionado, con lo que decir que soy ferviente 'pro-taurino' supondría una mentira de gran calado.

Lo cual no quita, por supuesto, que ver lo que se ha hecho en Cataluña me produzca una impotencia tremenda. Al presenciar lo ocurrido en el Parlament hace unos días en las noticias, sentí enfado, asco, desprecio. Me dio pena de verdad, y quizá sea pronto para decir que esto marca el inicio del fin (¿de qué exactamente?), pero es indudable el impacto que la decisión ha tenido, y tendrá. No es más que una cretina cortina de humo ideológica, política y nacionalista, travestida de un supuesto deseo por proteger los derechos (¿qué derechos?) de los animales; que si tortura, que si maltrato, etc. Los toros son signo e identidad de España, por mucho que les pese a algunos politicuchos catalanes, y si de verdad quieren cargarse el país -- o separarase de él, o lo que sea --, que lo intenten por otras vías más honestas si cabe, y no de modo indirecto y bajo pretextos concienciadores de la dignidad de los animales. Que está muy bien y tal, pero sinceridad, por favor. Sabemos lo que les interesa de verdad y por ahí no van los tiros.

Ante todo, supone un grave atentado contra la libertad, y espero que cuando llegue al Tribunal Constitucional (si es que llega, porque nunca se sabe con este panorama), dicha decisión quede revocada y así puedan los catalanes disfrutar, sin presión ni ojos ceñidos, de este 'arte' que confieso no entender del todo. Pero, visto lo visto, dan ganas de enterarse uno, al menos para fastidiar. Con los toros en la poesía de García Lorca o Miguel Hernández; o en la pintura de Goya y Picasso, queda claro el arraigo de la tauromaquia en la historia, cultura y arte españoles, y por ende su vital importancia, de la cual algunos catalanes parecen haberse dado cuenta. Por tanto, ¡a eliminarla cuanto antes! Porque, por algo habrá que empezar, ¿no?

sábado, 26 de junio de 2010

Derecho y sentido común



Estoy leyendo Derecho y sentido común, del maestro jurista Álvaro d'Ors, que tanto me enseñó con su notorio manual de Derecho Romano. Se trata de un librito de apenas 200 páginas . Consiste en 'siete lecciones de derecho natural como límite del derecho positivo'. Es un libro relevante, porque hoy en día parece que el sentido común, efectivamente, es el menos común de los sentidos, y no sólo en cuanto a la ciencia jurídica se refiere. "Basta para un jurista", dice el autor "ver sencillamente las cosas como son". Evitemos, pues, complicaciones innecesarias y vayamos al meollo del asunto, ¿no?. Es más complejo de lo que parece, por lo visto -- pero no tiene por qué serlo.

El sentido común es (o debería ser) la base esencial de cualquier mente jurista; pero no existe un derecho al sentido común, sino que parece, en la actualidad, que se trata más bien de un privilegio. Y es una pena porque da la sensación de que quienes gobiernan carecen del mínimo. Por tanto, sin la base del sentido común lo único que se consigue no es una justicia ciega, sino una justicia tuerta, que sólo mira para un lado, allá donde le conviene, ajena a lo verdaderamente justo, atendiendo antes a intereses privados que al bien común universal.

Esta carencia de sentido común queda plasmada en diversas vertientes del mundo jurídico, dando lugar a errores lamentables de a veces difícil reparación. Por ejemplo, ¿cuándo se darán cuenta 'los de arriba' de que igualdad no supone tratar de la misma manera a todos? Los artífices de esta nueva 'igualdad', tan moderna y progre, no caen en que igualdad no es dar a cada uno lo mismo, sino a cada uno lo suyo. Por otra parte, el infame Ministerio de la Igualdad no es más que una creación inútil y simiesca -- al fin y al cabo, la Constitución en su artículo 14 da un respaldo más que notable al impulso de esta igualdad efectiva. Sin embargo, cuanto más se empeñan en desarrollar esta supuesta igualdad, con su acción positiva y demás, más ahondan en una discriminación silenciosa pero igualmente dañina. Tratar desigualmente a los desiguales tambíen es una manifestación de la igualdad, pero no: ¡igualdad para todos, en la misma medida!

Problemas de esta índole tienen su raíz en, así es, el conflicto jurídico eterno: el derecho natural vs. derecho positivo. El olvido de lo natural trae consigo una frivolización de todo lo demás, y por ello con frecuencia parece que somos personas no porque forme parte de nuestra naturaleza intrínseca, sino porque las leyes y los convenios de derechos humanos así lo dictan. Antes que reconocer lo que somos inherentemente, las leyes codificadas parecen hacernos lo que somos: otorgan en vez de declarar, y así no son las cosas. Toda ley es justa y cierta por el mero hecho de ser ley, entonces, y no por su correspondiente participación de lo natural. O al menos eso es lo que nos quieren hacer pensar.

D'Ors parte de una definición de Graciano para describir el Derecho Natural. Lo importante es que esté cimentado en la Verdad (con mayúscula, que conste), que es, a fin de cuentas, fundamento del sentido común, el cual debe siempre ajustarse a ella. Este es el problema de nuestro tiempo y el origen de la espeluznante crisis de valores que a todos nos afecta -- la crisis económica, por así decirlo, es lo de menos. No es sino una de las muchas manifestaciones de la rampante pérdida de valores.

Quizá por eso el sentido común esté tan abandonado: porque sin un apoyo claro y objetivo, sin un punto de referencia fijo, ¿en qué se fundamenta uno para ejercer según éste? Así, lo anormal se convierte en lo normal, y la excepción en la regla. ¿En qué nos fijaremos entonces?

martes, 1 de junio de 2010

El consuelo de la claridad intelectual



Recupero aquí un mini-ensayo escrito hace tiempo. Espero que os guste.

“La filosofía es el nombre de esa inevitable forma de enredo racional que es síntoma de nuestro pulso intelectual, pero, al mismo tiempo, es el nombre de nuestro afán, igualmente natural, de claridad intelectual que nos consuela en nuestras recurrentes crisis de confusión”.

Hay un momento en La comedia humana de William Saroyan en que su protagonista, Homer Macauley, expresa con inusitada precisión una de las tendencias más inacabables del ser humano: el apetito por saber. “Tal vez nadie sepa nunca nada. Si alguien fuera a saberlo, sin embargo, quisiera ser yo. Quiero saber, y siempre querré, y supongo que nunca dejaré de intentarlo, pero ¿cómo se puede saber? ¿Cómo puede un hombre entender las cosas de forma que todo tenga sentido?”

He aquí una de las inquietudes que más traumatizan al ser humano, que quiere saberlo todo. Inconformista por definición, se siente compelido por el saber de manera inexorable, siendo así el protagonista de su propia tragedia: nunca llegará a abarcar todo lo que pretende, es decir, lo inabarcable.

Por supuesto que nunca lo entenderemos todo. De todos modos, la gracia del asunto, según me parece, reside en que el hombre siempre puede conocer más. El hombre tiene sed de conocimiento precisamente porque nunca podrá satisfacerla. Es como un tumor que a medida que se cura se expande por otras zonas, abriendo lagunas nuevas que suplican ser colmadas ipso facto. Al fin y al cabo, como dijo Wittgenstein, “El filósofo trata una pregunta como una enfermedad”. Sin embargo, conforme responde a la pregunta, cura parte de la enfermedad, pero ésta se propaga inevitablemente, suscitando así otras preguntas. A decir verdad, sería horrendamente aburrido el saberlo todo, pues no nos quedaría nada por saber y, por lo tanto, nada nos sorprendería.

Tendemos a aquello que no podemos alcanzar por el mero hecho de que no podemos alcanzarlo. Y normalmente somos conscientes de ello. O no. Pero eso no importa; lo vital es que tal propósito no nos desanime y que, con perseverancia y una voluntad férrea, insistamos. El ansia por saber nos lleva a conocer, cuya consecuencia lógica es el darse cuenta de lo poco que conocemos y lo mucho que desconocemos. De manera que, cuanto más sepamos, mayor conciencia tendremos de los inagotables conocimientos que nos restan por adquirir, lo cual es algo grandioso y, por otro lado, terrible. La naturaleza fallida e incompleta del hombre hace palpitar en lo más hondo de su ser una obligación que necesariamente ha de cumplir: el forjarse una claridad intelectual. A fin de cuentas, el hombre que no lucha por saber no es hombre.

De nada sirve decir: “Voy a dejar de pensar” si en verdad nunca se ha hecho tal cosa – uno no puede descansar si nunca se ha cansado. Y, al mismo tiempo, aquél que se dedica a pensar no puede desistir voluntariamente de sus tareas. Hacer filosofía supone llevar a cabo un agotamiento intelectual, por lo que la deuda que el hombre tiene con el saber siempre está pendiente, se perpetúa.

En último término, la tragedia del hombre contemporáneo es el incumplimiento de lo expuesto que, a fin de cuentas, no deja de ser una visión teórica un tanto idealista. Con cada vez más frecuencia, debido a la inaudita hipertrofia de distracciones en su entorno, el hombre se conforma con lo que ve y consume, sin advertir siquiera que su mayor facultad es la de poder preguntarse el por qué de las cosas. Ya dijo Chesterton que “Un hombre que siempre ha pensado no puede obligarse a dejar de pensar”. Sin embargo, el problema reside en que, paulatinamente, el hombre está dejando de pensar, recluyéndose en un ensimismamiento obsesivo y enfermizo, en el cual todo lo irrelevante a su propio bienestar le es indiferente. En otras palabras, oscurece lo que le hace brillar. Así, si nunca ha pensado puede obligarse, aun inconscientemente, a no pensar en lo que le queda de vida. Y eso es, sin lugar a dudas, algo tremebundo y desamparador. ¿De verdad puede alguien vivir, de la cuna al sepulcro, sin parar y reflexionar durante unos instantes? Grosso modo puede resultar un tanto fatalista, pero la respuesta afirmativa, en los tiempos que vivimos, no me parecería en modo alguno tan ajena a la realidad.

Estoy en desacuerdo con Wittgenstein cuando estima que “La filosofía desata los nudos de nuestro pensamiento”. Al contrario, si los hemos “liado de manera absurda” será por algún motivo concreto. El que tenga nudos en su pensamiento está cumpliendo su misión. En otras palabras, el que no filosofa ni piensa no puede liar los nudos de su pensamiento porque ni siquiera tiene nudos con que hacerlo. Es indiferente si algún día se llega a desatarlos por completo, algo irrealizable ya de por sí, pues el mero hecho de intentarlo vale la pena. Así, la claridad intelectual nunca será absoluta, pero conforme se vaya esclareciendo nuestro intelecto mayor capacidad tendremos para salir aireados de nuestras crisis de confusión. De todas formas, estar confuso no es algo necesariamente malo, sino que, a veces, es señal de que en ocasiones podemos llegar a pensar demasiado.

En suma, no es tanto el bien del saber sino el valor de salir a su encuentro lo que cautiva al hombre, que aspira a todo sabiendo que únicamente llegará a conocer una insignificante parte de lo que quiere. Y es que la grandeza del hombre reside en su pequeñez, a pesar de la cual, conociéndola y admitiéndola con humildad, verdaderamente cree que algún día podrá llegar a ser grande. Para emprender tan ardua tarea es importante no subestimar el papel clave que desempeña la claridad intelectual, que nos ilumina el camino.

martes, 27 de abril de 2010

Everybody Wants to Rule the World

Photobucket


Hace unas semanas, en un evento social, un estimado amigo puso aleatoriamente una canción que me transportó con muchísima ilusión al pasado. Ese olor, ventanillas eléctricas, era de color plomo-negro.. un Nissan si no me equivoco… el carro/coche de mi padre en aquellas épocas.

El tendía a compartir su música mucho con nosotros cuatro (mis tres hermanos y yo.. en ese entonces todavía éramos tres); de hecho alguna vez, hasta nos hizo memorizar una canción para que la cantemos juntos (de hecho, Kool & The Gang - Fresh). Mi padre, qué ser tan increíble.


Volviendo al tema, entonces, la canción de Tears for Fears "Everybody wants to Rule the World". Qué frase tan impactante y cierta. Dejaré el análisis de la canción para otro momento (o tal vez no).. pero lo que me interesa, es aferrarme egoístamente a esa única frase.. Todos Queremos REGLAR (me gusta mucho usar esta palabra {/dominar, paz!}) al Mundo.


Dando vueltas y más vueltas y algo de dialéctica, llego a muchas conclusiones.

En principio, venimos todos programados por default, en moldes preestablecidos, con destinos jugados. Por ejemplo la imposición involuntaria de una clase social donde naces, creces y te desarrollas, luego las oportunidades que te regala tu mero status {o las que no te regala}), te lo mereces porque sí, o no te lo mereces porque no.

Claro que existen excepciones a la regla, como en todo, yo personalmente lo certifico, lo he visto yo mismo. Pero en todo caso, a lo que quiero llegar es que existen al fin y al cabo, estas pequeñas burbujas, estos pequeños mundos independientes… las variadas vidas y realidades de todos los individuos.


En nuestros mundos todos queremos imponer, unos un más (máximos) y otros un poco menos (mínimos) unos están satisfechos con su mundo, y otros necesitan explorar el universo; y de aquí deriva la cuestión que me trastorna. "too many questions"...

_________________________________________________


En este punto, puedes optar por omitir el siguiente párrafo percibiéndolo como un garabato; pero si quieres, y te animo a ello, puedes leerlo y luego en los comentarios, contribuir y adjuntar más preguntas al gran catálogo.

__________________________________________________


Entonces, ¿Quién tiene autoridad? ¿quién tiene poder?… ¿quién se impone y quién se somete?

Siempre habrá una jerarquía macro y micro, ¿en qué lugar estás?… ¿te interesa escalar? o te da igual?.. ¿prefieres vivir desentendido de la vida? o acaso ¿quieres tener control?

Tu control es ¿vivir con la barriga llena y el corazón contento? ¿trabajar menos y ganar más? ¿tener a alguien que lave tu ropa? o acaso ¿ir al teatro una vez por semana? o ¿con una cajetilla de Marlboro rojo y buena música basta? ¿ser el líder de tu grupo? o el más inteligente? o el más influyente? o el más creativo? o el más guapo? EL MÁS +, la mejor exposición, práctica, pasantía, título, trabajo, carrera, puesto, ingresos, jerarquía, PODER, tener un complejo séquito de súbditos tácitos, fácticos, morales, afectivos.. ¿Cómo lo consigo? ¿Soy capaz? ¿quién me cree?¿cuánto tiempo? ¿cuánto tiempo? ¿cuánto tiempo? maximizar, utilidad!!…. elevarte a la dorada gloria o caer en un profundo hueco negro.. posibles resultados de una enamorada ambición.

___________________________________________________


ya, paz.. paz..


Yo personalmente.. puedo decir que tengo una enamorada ambición, todavía no sé si es buena o mala, no ha resultado ser muy nociva …todavía. He saboreado un poco la dorada gloria (la cual me puedo atribuir casi al 100% si se me permite la modestia) y se siente bien; ahora quiero saber a qué sabe el platino… y ya luego se podrá seguir escalando.. (ya lo sé, platino es como un máximo, pero confío en que el humano inventará nuevos metales.. o cambiarán las percepciones sociales y habrán nuevos valores materiales, o lo que fuera..)


Pero el asunto es que no todos pueden estar en lo alto, y hay que competir... ¿mérito y capacidad?.. pues sí.. entonces a trabajar que la gloria no es gratis.


Concluyo diciendo que hay unos cuantos astronautas sueltos por ahí, unos ya vienen con su equipaje espacial regalado, y otros están todavía consiguiéndolo… un escalón más abajo, pero con la misma o más garra que aquél más resuelto.


¿Y tu?…

¿Qué eres? o ¿Qué quieres ser?

¿Astronauta? ¿Terrícola? o ¿Marciano?


I wanna rule the world… y -everybody- "me la suda"(no me importa/interesa).

Dog eat Dog?… tal vez, pero bueno, aquí estamos.


Más vueltas en la cabeza, siento que contradigo pilares ideológicos.. pero luego se justifican, pero luego no. Quiero dejar claro que el asunto del poder, es completamente independiente a la intención que se tenga en cuanto a su uso (benigno/maligno).



Gracias por leer.

Saludos oh gran lector generoso!




Foto por: Pablo Estrada F.

Website: http://www.pabloestradafuentes.com/