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viernes, 17 de septiembre de 2010

Dreamtigers



En la infancia yo ejercí con fervor la adoración del tigre: no el tigre overo de los camalotes del Paraná y de la confusión amazónica, sino el tigre rayado, asiático, real, que sólo pueden afrontar los hombres de guerra, sobre un castillo encima de un elefante. Yo solía demorarme sin fin ante una de las jaulas en el Zoológico; yo apreciaba las vastas enciclopedias y los libros de historia natural, por el esplendor de sus tigres. (Todavía me acuerdo de esas figuras: yo que no puedo recordar sin error la frente o la sonrisa de una mujer.) Pasó la infancia, caducaron los tigres y su pasión, pero tadavía están en mis sueños. En esa napa sumergida o caótica siguen prevaleciendo y así: Dormido, me distrae un sueño cualquiera y de pronto sé que es un sueño. Suelo pensar entonces: Éste es un sueño, una pura invención de mi voluntad, y ya que tengo un ilimitado poder, voy a causar un tigre.
¡Oh, incompetencia! Nunca mis sueños saben engendrar la apetecida fiera. Aparece el tigre, eso sí, pero disecado o endeble, o con impuras variaciones de forma, o de un tamaño inadmisible, o harto fugaz, o tirando a perro o a pájaro.

JORGE LUIS BORGES, El Hacedor (1960)

viernes, 18 de junio de 2010

Argumentum Ornithologicum



“Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe.”

jueves, 29 de abril de 2010

En compañía de Borges



Es un placer leer a Jorge Luis Borges (1899-1986). La edición de sus Obras Completas me ha acompañado desde primero de carrera -- siempre ahí, impertérrito e imponente, en mi humilde estantería del Colegio Mayor. Hasta tal punto ha estado conmigo que casi forma parte de la esencia de la misma habitación.

Hace dos días empecé a leer Ficciones (1944) por segunda vez. Se trata de una colección de relatos dividida en dos partes. Me adentré de nuevos en su mundo de laberintos, espejos y bibliotecas-paraíso, en su jardín de senderos que se bifurcan, en sus maravillosos juegos de azar y rompecabezas policíacos. Conocí a Funes el memorioso, cuya desdicha es recordarlo absolutamente todo hasta el más mínimo detalle. Me empapé de inquisiciones sobre la eternidad, la inmortalidad y la existencia de Dios, ese soñador que sueña a los que sueñan ("Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo").

Leer a Borges es leer pura literatura. Literatura fantástica, metafísica, juguetona, intelectual y precisa, cargada de erudiciones, juegos matemáticos, filosofía, problemas teológicos... difícil describir la alegría que me produce la lectura de sus relatos, cada uno de los cuales tiene algo sobre lo que ponderar. Sin duda, Borges fue uno de los grandes; para mí, volver a leer parte de su obra es como reencontrarse con un viejo amigo y darse cuenta de que no ha cambiado un ápice.

Aquí os dejo con uno de sus mejores poemas:

EL MAR

Antes que el sueño (o el terror) tejiera
Mitologías y cosmogonías,
Antes que el tiempo se acuñara en días,
El mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
Y antiguo ser que roe los pilares
De la tierra y es uno y muchos mares
Y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera,

Siempre. Con el asombro que las cosas
Elementales dejan, las hermosas
Tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
Ulterior que sucede a la agonía.